Antiguo Balneario de Lada

El nombre de Lada proviene del latín Aqua Latam, que significa “aguas medicinales”. En Langreo existían varios manantiales de aguas sulforoesenciales, consideradas beneficiosas para problemas de salud, y el más conocido se encuentra en Lada, conocido como La Fuente del Güevu (“Fuente del Huevo”, por su olor), donde se estableció un conocido balneario a finales del siglo XIX llamado “Ablanedo”.

Desde mediados del siglo diecinueve, sobre las riquezas y las bellezas de estos valles divulgaba la prensa que, no siendo en los puertos de mar, no había sitio de más recreo que en Lada, cuyas salutíferas aguas competían con las más afamadas de España, aunque el estudio histórico-científico de esas aguas no se realizaría hasta los primeros meses del siglo veinte.

Antiguo Balneario de Lada Langreo

Tras ser nombrado en 1890 alcalde de Langreo Antonio María Dorado, no regateó medios económicos y publicitarios para la promoción de aquel lugar, convertido en balneario poco tiempo después. El municipio invirtió cien mil duros para embellecer aquella fuente con el fin de ofrecer buen atractivo a los numerosos visitantes a la fuente.

El propio Dorado ideó asimismo la construcción de un tranvía que uniera directamente las localidades de Sama y Lada, partiendo de las actuales estaciones de Renfe y Feve. Para la realización del proyecto se anunció incluso una emisión pública de acciones. Sin embargo, ese original servicio de transporte nunca se estableció porque las fuerzas vivas de La Felguera se opusieron aduciendo que reforzaba la capitalidad de Sama. Y que el puente repetidamente reclamando entre Lada y La Felguera quedaría preterido en beneficio del plan tranviario.

A veces se concedía a las aguas sulfurosas cualidades casi milagrosas. Así, en una carta anónima publicada en un diario regional, después de calificar la fuente como manantial de salud del Universo, se describía una insólita curación. Una joven allerana, al parecer aconsejada por su médico, llegaba a Lada prácticamente ciega en la primavera de 1897. Después de someterse a un tratamiento que duró unos quince días, habría regresado a su casa completamente curada. En la misma carta se afirmaba que «como éste se podrían mencionar infinidad de casos».

Al margen de ésta y otras anécdotas en las que se magnificaban las propiedades de las aguas con fines publicitarios y teniendo en cuenta que no existían muchos alicientes estivales por aquellas fechas, el balneario langreano se convirtió, durante algún tiempo, en el lugar de reunión de personajes ilustres. En las notas de sociedad periodísticas se publicaban todos los veranos los nombres de los visitantes asturianos del mundo de las finanzas, la industria, la judicatura, la religión o la cultura, que llegaban a Lada para pasar unos días de recreo. Entre otras distinguidas personalidades de la burguesía regional se mencionaba a los Adaro, Herrero, Conde Sizzo, Arias, Faes, Monasterio, Piñole o Palacio Valdés e incluso el Canónigo de la Catedral de Oviedo , hasta un número que, a lo largo del verano, podría oscilar entre los dos centenares y el medio millar de personas.

Asimismo, el balneario se convertía en un lúdico pretexto para cultivar el tráfico de influencias, como se dice ahora, y llevar a cabo rentables negocios. Dorado, bien relacionado socialmente y excelente maestro de ceremonias, no perdía la ocasión para agasajar y distraer a los ilustres huéspedes con espléndidos banquetes, fiestas, conciertos musicales y didácticas excursiones turísticas por Sama, La Felguera y Ciaño «para contemplar un paisaje verdaderamente maravilloso y admirar, entre otros muchos alicientes fabriles, la gran fábrica de los señores Duro».

Muerto Dorado en mayo de 1910, las reuniones veraniegas de Lada fueron perdiendo progresivamente el lustre inicial. Las circunstancias históricas de los años siguientes tampoco favorecieron aquellos festivos encuentros. Tras la Primera Guerra Mundial, y especialmente después de la huelga revolucionaria de agosto de 1917, que en las comarcas mineras se alargó bastante más que en el resto de España, el número de visitantes sufrió una merma considerable.

Muchos de aquellos distinguidos invitados se desplazaron hacía otros centros de recreo más seguros y confortables. O más favorables para los negocios. La insurrección de octubre y la guerra civil supusieron un golpe casi definitivo para el balneario de Lada.

 

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